MI PARAÍSO...

MI PARAÍSO...
Es ese lugar para soñar...al atardecer, viendo las puesta de sol en las largas y cálidas tardes de verano, a la sombra de la parra, degustando lo que cada uno quiera. Relajados sobre una mullida manta extendida sobre la yerba. En las cómodas tumbonas y hamaca, a la luz de las velas, con buena música, o escuchando el silencio, o los sonidos de la naturaleza. DISFRUTANDO.

domingo, 23 de agosto de 2026

Uvas y cambio climático.

   Las vides plantadas y en producción, moscatel, Vinis vínifera, con 2 variedades, moscato giallo la amarilla, y moscatel de Hamburgo la morada, tras la primavera lluviosa y el caluroso verano, han madurado dos meses antes de tiempo. De nuevo, sin abono químico, ni sulfatos, y "podadas a mi manera" están desbordantes de hoja y racimos.

  Las siguientes imágenes son del pasado 10 de agosto. Ayer probamos las moradas o de Hamburgo y ya están dulces y deliciosas.







   Hace varias décadas, cuando los inviernos eran muy frios, mi abuelo ya tenía una parra que trepaba desde el corral hasta la galería del primer piso. Estaba en la fachada sureste y protegida del norte y y del viento por la casa.

    Cerca, a menos de 500 metros de la casa y en la ladera soleada, al otro lado del rio, aún está una finca con el fito topónimo La Viña, el cual nos dice que ahí hubo un viñedo. Algo que se entiende, pues hace varios siglos y un poco más abajo y situado en el fondo del valle, estuvo el Monasterio de San Miguel, y, donde había monasterios había viñedos y abejas, estas no sólo para proveer de miel, sinó para hacer velas con la cera de los panales de miel, pues no había luz.

   De ese monasterio aún se conservan algunas piedras visibles en invierno cuando no hay vegetación. La iglesia de dicho monasterio fue trasladada en el siglo XVII, y es la que está situada aquí, al lado de casa.

    Las personas mayores que conocí, recordaban la tejera que había próxima al monasterio, en la cual se hacían las tejas para los tejados de las casas del pueblo. Aún se pueden ver en las casas más antiguas, se reconocen fácilmente pues estaban hechas a mano y están ligeramente torcidas y, preciosas así. La tierra, color rojo bermellón, con mineral de hierro, la cogían muy cerca, sólo unos metros más arriba. Estudiando el paisaje, es posible ver los 2 lugares por los que la bajaban. Igual que en otra parte del pueblo, también estudiando u observando el paisaje, hoy, varias décadas después, son visibles los 3 treitoiros por los que bajaban los troncos de haya, Fagus sylvatica, del hayedo. Madera utilizada en la costrucción, para hacer muebles, herramientas, o para leña durante todo el invierno.

   Mi abuelo, mi querido y adorado abuelo, carpintero, ebanista y tornero en su tiempo libre, además de la casa y varios muebles,  hizo algunas arcas para guardar la ropa,  y arcones de madera, para conservar el cereal, sin puntas o clavos, cada pieza lateral encajaba en la siguiente con preciosas colas de milano.  Únicamente la tapa se sujetaba con bisagras y se cerraba con aldabillas o pasadores de hierro, tal vez hechas en la fragua que aún se conserva en el pueblo. No había nacido Ikea, ni te llegaban los muebles desmontados con larguísimas instrucciones y docenas de tornillos...🙃

Mendelshon.




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