Acaba de comenzar el adorado verano aquí, y, como siempre, saturado de belleza: entre flores, frutas, la amplia gama de tonos verdes, y los diminutos y enormes seres vivos que podemos observar en esta etapa, mayo y junio con los días más largos del año, son mi época favorita, junto al otoño, las cuales, en mi opinión, deberían durar dos cuatrimestres ☺️ para disfrutar de la gran biodiversidad que nos rodea, dejando 2 meses de invierno y los 2 que ya tenemos de verano.
Todos los otoños veo salamandras, pero esta preciosa bebé apareció la pasada primavera y, no se corresponden la fecha y su ciclo vital. Su cabeza al lado de la margarita, indica su pequeño tamaño:
Una vez más, gracias mil a Jesús Linde, el amigo que me enseñó a conocer y apreciar la belleza diminuta; su sabio consejo fue: cuanto más te agaches y te acerques a la tierra, más belleza diminuta hallarás... Así es, tal cual, cada día me sorprende y me atrapa alguna belleza nueva.
Preciosa, aromática, comestible y medicinal flor de Malva moschata.
En este Parque Natural, Reserva Mundial de la Biosfera, y Red Natura 2000, las 3 marcas más importantes en protección, cuidado del medio ambiente y sostenibilidad, a nivel regional/nacional, europeo y mundial, que es Somiedo, hay 3 hermosos seres que gozan del máximo grado de protección; de menor a mayor:
Rosalía alpina; haré un post sólo sobre ella:
Urogallo Cantábrico, Tetrao urogallus, en grave peligro de extinción:
Oso pardo cantábrico, Ursus arctus, que en pocos días de nuevo vendrá a comer las cerezas de este cerezo centenario que un día plantó mi querido y adorado abuelo.
El oso, un macho adulto que mide 1.90 en esa pisición, con la cabeza inclinada, siempre es el mismo, pues el que localiza un frutal que le gusta, no permite que otro oso se lo quite, fotografiado el pasado verano, subiendo y bajando abrazado al cerezo, pues lo hacen del mismo modo. Entre ambas fotografías hay un intervalo de 2 horas, es el tiempo que estuvo comiendo cerezas de rama en rama, y descomiendo. En 3 o 4 noches, se puede comer las miles de cerezas del árbol. La primera noche es inevitable que lo haga, después ya se colocan los ahuyentadores de la Fundación Oso Pardo, que le alejan. Este año, los ladridos de Tango, mi fiel mastín, no podrán asustarle ni sacarle de la finca, pues hace 7 meses que se fue, privándome de su compañía, seguridad, y de su tierna mirada llena de amor, ternura y admiración, algo mutuo, que nada ni nadie podrá superar 💔
P.D.: Sugiero ampliar las fotografías.









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