Fotografías colocadas desordenadamente por los duendes de bloger, a los que, tras seis intentos de ponerlas de forma correcta, opté por dejarles hacer, y, videos del proceso de creación de un balagar.
Hace unos décadas, no en la prehistoria, cuando en los pueblos del mundo rural que conocí, todas las casas estaban habitadas por familias grandes o muy grandes, que mayoritariamente vivían de la agricultura y de las pequeñas ganaderías, cuando eran casi auto suficientes, algo que hoy parece imposible, pues el giro de 360° dado, hace que los pueblos estén vacíos o semi vacíos, con casas en las que sólo vive una persona, más hombres que mujeres, y con ganaderías inmensas, en los veranos se segaban los prados con guadaña haciendo marayos o con pequeñas segadoras; al día siguiente, con la pala de 4 dientes o con el forcao, con sólo 2 dientes, se le daba vuelta para que el sol la secara completamente. Si amenazaba tormenta, se recogía en pequeños montones llamados picas, y si al siguiente día ya estaba seca, se apilaba en montones, hasta recoger toda la hierba seca. Tras tenerla toda amontonada, se cargaba en los carros que tirados por 2 vacas xuncidas, la llevaban a la casa para guardarla en los pajares par
y así tener alimento para las vacas todo el invierno. Los veranos en los que la cosecha de hierba era muy abundante y no cabía en el pajar, se dejaba en el prado en balagares como el que por mi capricho, 3 amigos hicieron aquí en 2022: Pablo segó la hierba con su tractor, y Aléx y Armando, con sólo garabatos para juntar la hierba y la pala de 4 dientes, en dos días de gimnasio al aire libre, hicieron este precioso balagar. Algo que antes se veía en todos los pueblos y en muchas fincas de la mayoría de las casas.
Hace pocos años se hacía uno cerca de el pueblo de Villarín, desconozco si continúan haciéndolo, sinó, éste tal vez sea el último que se vea en Somiedo.
Alex, italiano, y Armando, de Pravia, son los voluntarios responsables de esta ardua y magistral tarea a los que estoy inmensamente agradecida.
Mientras Alex cortaba el fresno, Armando decidía el lugar en el que lo harían: en el medio de la finca, fonde fuese más visible, me dijo. Por ello, en las noches de verano y en las de Navidad, una guirnalda de luces solares lo ilumina haciéndo que se vea desde todo el valle ☺️
El paso a paso tras elegir el lugar es plantar el tronco alrededor del cual se colocará la hierba. En la base se pone ramaje para evitar que la hierba se pudra al estar en contacto con el suelo. De forma meticulosa uno va colocando hierba alrededor del tronco y otro la pisa para que quede bien apretada y no salga volando con el primer vendaval. A la vez, se va ensanchando la base y dándole forma de pera, hasta que se coloca toda la hierba y esta casi cubre el tronco. El siguiente paso es bajar de ahí arriba, bien con una escalera, o como si fuese un tobogán como hacíamos los niños. Se procede al peinado del balagar con el garabato y después y con una cuerda como vemos a Armando en uno de los videos, se deja perfecto. Ya sólo queda hacer la corra de hierba, también en otro video, para con ella rodear la parte de tronco que sobresale cubriendo bien la parte superior del balagar y a la vez, impidiendo que entre el agua de lluvia y se pudra la hierba. La corra, haciendo de paraguas, el pisado y la forma de pera, hacen que el agua resbale y en el interior del balagar la hierba esté seca, para en invierno, mesarla con el mesón, cargar el goxo, y llevarla a la cuadra para las vacas.
Este trabajo, como muchos más, son fruto del ingenio de mentes privilegiadas que durante siglos idearon la forma de adaptarse al medio en el que vivían "en modo feliz"
Recuerdo haber oido a mis padres y abuelos, hablar de lo felices que eran en su juventud, cuando trabajaban de sol a sol, y también los día de lluvia, nieve, viento o frio. Los días, como ahora, tenían 24 horas, lo que no tenían era la multitud de opciones de pérdida de tiempo que hay actualmente. También tenían como algo sagrado la ayuda y colaboración entre todos, sin saber que hoy en las empresas se le llama trabajo en equipo, empatía, jornadas de motivación, convivencia, etc...
Eran mucho más libres de lo que hoy es la mayoría de la sociedad, especialmente la urbana. Aquí no había estrés, presión de ningún tipo, contaminación, ruido ambiental ni mental, noticias ni personas tóxicas, envidias, atropellos, abusos, ni violencia gratuita, por varias razones: había respeto, eran leales, responsables, tenían palabra y cuando decían algo, lo cumplían. No necesitaban escribirlo.
Aún no habían llegado el Alzehimer, ni tantas otras enfermedades, virus o pandemias que hay actualmente. Con carencias de muchos alimentos que hoy tenemos, las generaciones que nos precedieron estaban mucho más sanos porque comían lo que producían.
Todos hemos escuchado esa frase que dice, antes de comer algo nuevo, piensa si tu abuela lo comería .













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