Con la celebración hoy del Domingo de Pascua de Resurreción, finalizan la Semana Santa y las procesiones con ropa de luto y mantilla, para llegar a la celebración de la Resurreción de Jesús.
Escuchar tocar, El Silencio, al finalizar la Procesión de Viernes Santo, por la Agrupación musical San Salvador de Oviedo, fue, a la vez, triste y estremecedor.
https://drive.google.com/file/d/1EJNaPyl7VquFeaFYSvQ0N3le3oTEHTU8/view?usp=drivesdk
El Cristo mutilado durante la II guerra mundial, vuelve a presidir el Altar en Pola de Somiedo.
Municipio situado en el límite entre Asturias y León, provincias que se comunican por los Puertos de Somiedo y el de La Farrapona, es la zona fronteriza en la que hubo tantos combates y pérdida de muchas vidas. Zona en la que aún son visibles varias trincheras, y en las que quedaron enterradas varias granadas, que a veces aparecen entre la vegetación y deben ser explotadas.
Un pasado que nadie desea que se repita. Una Semana Santa más, que nos recuerda el sacrificio y el dolor, antes de la Resurreción.
Si San Juan Pablo II fue capaz de visitar en la carcel y perdonar al hombre que había intentado acabar con su vida, todos los responsables de que hoy existan guerras deberían seguir su ejemplo. Como Él, todos deberían besar la Tierra de los paises a los que llegan y asolan..
Hoy ya fue día de verde esperanza, de alegría y de celebración.
¡¡Aleluya!! Con, Il Divo.
https://youtu.be/VzB8xC_CwH8?is=YZd2XPFXWyxujfNB
La vigilia iniciada el miércoles de ceniza finalizó el Viernes Santo, último viernes que los cristianos deben prescindir de comer carne; para alguno@s, entre los que me incluyo, lo difícil sería no poder comer pescado, en vez de privarse de carne.
En el pasado, hace varias décadas, cuando los vecinos del pueblo subían a la braña de Momián, en la que dormían, había una excepción durante el tiempo de vigilia. A los que no estaban en sus casas para asistir a las celebraciones de la Semana Santa, se les permitía comer carne los días de vigilia; a cambio debían rezar en lo alto de la montaña y mirando a la Iglesia, en el llamado Campo la Gula, una campera verde situada en la cresta de la montaña, entre el hayedo que hay sobre el pueblo, y la braña que mira al otro valle, situada sobre Caunedo.
Allí arriba, a 1500 metros de altitud, estaban rodeados de: Acebos o Ilex aquifolium, Gentiana lútea, Calocybe gambosa, y, Piornos o Cytisus oromediterraneus con los que encendían el fuego en las cabañas de teito para hacer las tortillas para la cena.
Tradiciones y costumbres que van desapareciendo, de forma paralela a la pérdida de población y de usos del entorno rural.
Sin embargo, en pueblos y ciudades de toda la geografía nacional se incrementa el fervor religioso, y las procesiones cada año son más multitudinarias.
Ojalá el milagro de la Fe, en las diferentes religiones, logre que haya Paz en el mundo.