MI PARAÍSO...

MI PARAÍSO...
Es ese lugar para soñar...al atardecer, viendo las puesta de sol en las largas y cálidas tardes de verano, a la sombra de la parra, degustando lo que cada uno quiera. Relajados sobre una mullida manta extendida sobre la yerba. En las cómodas tumbonas y hamaca, a la luz de las velas, con buena música, o escuchando el silencio, o los sonidos de la naturaleza. DISFRUTANDO.

jueves, 22 de enero de 2026

Los Árboles de la Vida..

 

  Asiento en un ahuecado y viejo tronco de haya, llamado la Pousa d'abajo, situado en el hayedo de La Enramada, en la ruta de El Coto de la Buena Madre a la braña de Momián.




Los árboles son los mayores seres vivos tras los micelios de algunos hongos.

Pradera de Cueva, en el valle de origen glaciar que desciende desde la braña de Sousas hasta Pola de Somiedo.

   Algunos durante décadas, otros durante siglos, todos ellos pasan su vida en el mismo lugar, sin moverse ni un ápice, con la misma tierra, la misma orientación, la misma altitud, expuestos al sol, al viento, a la lluvia o a la nieve, a la luz de cada día, o a la de la luna, sin quejarse, sin pedir nada, solo dando: estación tras estación, un año tras otro..

   Su sombra, siempre en movimiento siguiendo al sol; siempre proporcional a su copa y ésta a las raices aéreas, las que le alimentan.

   Dando oxígeno a todos y, a la vez, absorbiendo el CO2.

       Hayedo de La Enramada sobre El Coto de la Buena Madre, visto desde el alto de Aguino.


   Invadiendo nuestros cinco sentidos con el aroma de sus flores, con el color de sus frutas y frutos o el de sus hojas en otoño, con el sonido de sus ramas mecidas por el viento, con los fitoncidas cuando realizamos baños de bosque.


   Nutriendo a los musgos que crecen en su cara norte, a los líquenes, o al muérdago que los parasita; o a seres diminutos como Rosalía alpina, la cual vive en estado larvario tres o cuatro años, alimentándose de madera de hayas muertas.



   Sujetando la tierra en las laderas pendientes, hasta que las revoltosas lutitas, tras las lluvias o tormentas, deciden ponerse a bailar provocando que todo se desmorone, como ocurre repetidamente bajo El Putracón.

   Protegen a las aves y a otros animales, dándoles alimento y cobijo en el invierno.

                    Viejo castaño pintado al óleo.

   Juegan al despiste al vestirse de otoño mientras se desnudan, para que después las bacterias descompongan sus hojas dejando en ellas solo las nervaduras de sus esqueletos, nutriendo así de nuevo a la tierra que les alimenta.

   Juegan también con las trufas y con los micelios de otros hongos, retroalimentándose.

Con otros árboles a los que abrazan toda su vida, haciendo que la savia de uno alimente al tronco del otro...

                Troncos de haya creciendo abrazados repetidamente.


  Con la nada, como hacen los Tejos, bajo los cuales no crece abdolutamente nada, dada su toxicidad, aunque también tienen propiedades medicinales.

          Tejo doblado por la nieve en nuestro jardín.

 

 Y con nosotros, pues la dendrocronología a través de los anillos de crecimiento, nos muestra cuanta lluvia o sequía hubo en cada año de la vida de los árboles.


Air

Johann Sebastian Bach

https://youtu.be/rrVDATvUitA?si=eTDgdoFy2R3imnX7


   



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