Los ojos verdes no son un color, son física, genética y percepción al mismo tiempo. No tienen pigmento verde, ni se ven igual dos veces. Cambian con la luz.
Tal vez ese cóctel provoque que veamos la belleza en todas partes...
Mi sueño cada invierno es este, la eterna primavera que cada día me sorprende con nuevas flores y más y más horas de luz y de sol.
Abuelo, hoy tendrías 122 años, solo unos pocos más que este grandioso cerezo que plantaste, tras cortar el que había plantado tu padre y con el que hiciste una mesa de comedor extensible y un aparador con las puertas talladas con pájaros y flores. La belleza y la sabiduría estaban en tí 💖
No le caben más flores, no le cabe más belleza, además, gracias a él y a los pájaros que dispersan sus semillas, hoy son cientos los cerezos que florecen en este valle, y miles las cerezas que alimentan a aves y osos.
Sin saberlo, me hiciste un valiosísimo regalo, me inculcaste el amor, el cuidado y el respeto a los árboles, algo sagrado para ambos.
A los cerezos, guindales, manzanos y nogal que dejaste en la finca, hoy se suman un centenar de especies más, entre frutales, árboles de jardín, autóctonos y alóctonos, y todos los que conviven en este privilegiado paraiso de biodiversidad que rodea la casa, entre el bosque de ribera y el hayedo que asciende hasta los 1500 metros de altitud.Mientras los animales se desplazan buscando alimento, agua y energía, el ser humano ha ido abandonando, olvidando y desconectando de la naturaleza de la que proviene y nos provee, y construyendo su mundo moderno y urbano como si la energía fuera infinita, como si la abundancia existiera sin medida, como si el consumo no necesitara prudencia, como si el crecimiento no necesitara freno...
Cuando nos paramos a observar el mundo vegetal, comprobamos su forma de adaptarse y cómo sin moverse, convierte la luz, el agua y el sol en vida y alimento, sin malgastarlas, sin destruirlas, sin dispersarlas, con ética, con coherencia, con responsabilidad, con respeto, y en equilibrio, sabiendo que hay un espacio y un límite para todos y cada uno. Ese límite, en vez de ser un problema, es la garantía de su supervivencia.
Claro de Luna, Beethoven


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