MI JARDIN RURAL, ESE LUGAR PARA
CONTEMPLAR CADA DIA EL DESPERTAR DE
LA NATURALEZA,
Mitad prao, mitad güerta, mitad jardín..., con multitud de árboles y plantas, así es el espacio que rodea la casa.
El despliegue de tonalidades verdosas en Primavera y,ocres y rojizos en Otoño es tal, que no hay pincel capaz de crear tanta belleza, ni paleta ni lienzo que puedan captar este cromatismo.
Este viejo roble ya centenario, vio crecer a los cerezos garrafal, lérida y monzón; a los manzanos verdedoncella, mingán y reineta blanca del canadá ; a los perales clairgean y agua blanca de Aranjuez y, al guindal, que plantó mi abuelo entre los años 1950 y 1957 con un coste de árboles y portes de 1.280 pesetas.
Los pájaros se encargaron de repartir las semillas y ahora, son varios los hijos y nietos del roble, el guindal y el cerezo, los que lo acompañan, además de fresnos, fayas, avellanos, nogales, endrinos, espino albar, sabugo y salgueiro a los cuales nosotros añadimos el ciruelo, acebos, tejos, tilos, mostellares, serbales, madroños, abedul, encinas, castaños, un olivo, un alcornoque y el laurel. Falta la figal, y tal vez alguno más.
A un lado del roble, está el güerto en el que crecen berzas, lechugas, acelgas, guindillas, ajos, arbejos, espinacas, coliflores, coles, tomates, pimientos, puerros, zanahorias, apio, calabacín y lombardas, para hacer deliciosas menestras, potes, sopa de berzas, crema de maíz y calabacín, repollo frito con morcilla…
·Tantos días que pasen de Enero, tantos ajos le faltan al ajero.
·Sembrar las primeras patatas por S. José, a riegos y en el menguante.
·Cuchar, arar, -el arao de vertedera hace muchos años que descansa, ahora contempla su mundo oxidado bajo la sombra del cerezo, cerca del viejo carro que recorrió su mismo camino- volver la tierra, semar, sallar, arromper, arriandar…, son meses de trabajo y mimo hasta que:
·Por Sta. Marina, cuelga el picón de la viga.
Empieza el tiempo de recogida, de llenar la panera de riestras, las arcas de grano y la despensa de frutas; mermeladas, vitaminas, minerales y sabores. Después iremos a algún mercadillo a vender parte de esa producción artesanal.
Poder comer meruéndanos y fresas desde Mayo hasta Octubre, sabrosísimos al crecer a ésta altitud, moras, frambuesas, grosellas y arándanos, o hartarse de cerezas cada mañana y luego dejarlas caer para que vengan la raposa cada atardecer a pesar de los ladridos de “papón”, y el oso.
Las setas de S. Jorge salen solas año tras año, qué delicia.

Con tanta comida, lógicamente aumenta el número de pájaros; son tantos que hasta nos entran por las chimeneas.
Más pegados a la casa crecen: el evónimo, la camelia, los rosales, las lilas, las hortensias, el boj, el pino limonero, el sanjuanín y el jazmín, además de las glicinias, la pasionaria y la falsa vid, que trepan por los muros de piedra, o la parra que por encima de los viejos pegollos de roble hace sombra al comedor de verano.
Multitud y variedad de flores asoman cada día en las ventanas, balcones y corredores. Dando aroma a nuestro paso crecen alisos y claveles, además de romero, lavanda, perpetua, melisa, orégano, hierba luisa, manzanilla y tila. Siempre cerca para hacer infusiones o licores.
Y creciendo libremente: Llantén, gordolobo, diente de león, cola de caballo, hipérico, cirigüeña, flor de sabugo, genciana…que junto a las barbas de maíz, la miel, la manteca y el unto, formaban la botica somedana y muchos de sus remedios; el último, la vela a S. Antonio.

El total del terreno cultivado no llegará a los mil metros cuadrados. Zona de juegos, al lado de lo que cultivaba mi abuelo; según consta en la declaración hecha al ayuntamiento en 1.941, sembraban 35 áreas a trigo y escanda, otras 35 a patatas y 20 más a maíz, además de los güertos que dedicaban a los cocinaos y la hortaliza, recogiendo 12 fanegas de trigo, 4 de ellas para sembrar, 8 de maíz, dejando 30 kg. para siembra y, 1.300 kg. de patatas de los cuales dejaban también 500. Estos productos eran la base de la alimentación y junto a las legumbres, los huevos, alguna gallina de vez en cuando, la leche, los quesos , la carne de la matanza que tenía que durar todo el año, alguna oveja, y frutos secos y fruta fresca, hacían una economía autosuficiente. Sólo necesitaban comprar café, azúcar y aceite cuando los había.
Como había que administrar tanto, el pan solía estar en un cajón cerrado con llave que sólo se abría a la hora de comer; cuando las hijas, nenas aún, tenían que subir a Momián al amanecer y en ayunas, el recurso, era pasar antes por el gallinero y desayunar uno o dos huevos. Claro que no había salmonelosis ni colesterol ni todas esas cosas raras que tenemos ahora. Las siete hermanas, mozas casi a la vez estaban muy delgadas, y aunque eran altas y buenas mozas, siempre había otras más rellenas y por lo tanto, más guapas.
¡Ay abuelo! si por un agujero usted pudiera ver el mundo actual, que susto se llevaría.
Me gusta poder ver todo eso que cuentas con mis propios ojos...aprender a mimar esos árboles y los pequeños detalles que cada vez que vamos nos encontramos...me gusta ver como crecen todas esas plantas...
ResponderEliminarSé que esa es una de tus pasiones, y estoy segura de que con el tiempo tendrás todo el tiempo que quieras para dedicarlo a tu antojo en esos temas :D
un besele mami !
clau fer ga !
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ResponderEliminarMe ha gustado mucho tu blog.Yo soy de León y esos parajes los conozco y mi madre era de Asturias.
ResponderEliminarUn saludo.